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Mercancías dueñas del ser humano

Helena Maleno (Panadoras Invisibles: 29-07-2010)

Son las once de la mañana hora española, la diez en Marruecos.

La escena se produce en la entrada de la frontera española de Ceuta, en la boca de lo que llaman “la jaula”, donde cada mañana cientos de porteadoras pasan llevando mercancía entre ambos países.

Los protagonistas son un hombre corpulento de unos cuarenta y tantos años y una mujer  de unos setenta.

Él la zarandea violentamente, le grita. Pienso que la señora puede caer al suelo en cualquier momento, es mayor, extremadamente delgada, me recuerda a mi abuela.

Hay otros hombres que animan al agresor.

Le gritan “!muy bien, haz tu trabajo!”.

Él responde, mientras le da el último empujón, “es el único lenguaje que entienden”.

Esta vez una de las rodillas se ha doblado y en un momento creo que la señora va a perder el equilibrio y caer al suelo.

Me estremece la escena.

Los agresores son miembros del cuerpo nacional de policía del estado español.

La agredida es una mujer marroquí que lleva a su espalda mercancía. >>>

Aicha es también porteadora y le parece normal sufrir este  tipo de violencia.

“Es nuestro día a día. Me levanto a las cinco de la mañana. Hago la cola. Vuelvo a entrar cuantas veces sea necesario o pueda. A veces cierran los españoles sin motivo y te quedas entre los barrotes, pasan accidentes, muertes… otras es nuestra policía la que nos machaca con las porras”.

Las fronteras nunca son justas, pero las de Ceuta y Melilla parecen reírse del ser humano.

Se calcula que unos 1.500 millones de euros al año salen de estas dos ciudades en forma de mercancías que son vendidas en Marruecos.

Un negocio voraz del que se alimenta la economía de las dos ciudades y que genera múltiples beneficios en forma de sobornos en frontera.

El eslabón último de esta cadena son las porteadoras que diariamente se juegan la vida en “la jaula” o en los pasos alternativos.

Tienen que hacer el trayecto el mayor número de veces posible antes que la frontera cierre a las 13:00 horas. Por cada viaje las mujeres ganan entre uno y cuatro euros, para ello cargan a sus espaldas entre 50 y 100 kilos de peso.

Safia murió en la frontera de Melilla en enero de 2009, cuatro meses después dos porteadoras sufren la misma suerte en una avalancha en el paso de Biutz en Ceuta. Son algunas de las muertes pero  ha habido muchas otras.

Casi 15.000 porteadoras, en su mayoría mujeres, entran diariamente a Ceuta. Al igual que en el Barrio Chino de Melilla, las avalanchas y los accidentes son frecuentes.

La imagen es como la de una gran Ginkana o  un programa del Grand Prix.

Las porteadoras deben sortear la violencia policial, salir ilesas de las avalanchas, soportar los golpes, llevar la carga, pagar los sobornos, afrontar el frío o el calor extremo, sobrevivir en unas fronteras donde la mercancía es la dueña del ser humano.

FRONTERAS DE CEUTA Y MELILLA

Que solucion sugieres? Hay alguna posible? Desde luego el cierre de las fronteras (lado español)a la mercancia de los porteadores a los primeros que perjudicaria es a los propios porteadores/as que no tienen otra forma de ganarse la vida. No dudes que los comerciantes pronto cambiarian metodos (anclados ahora en el siglo pasado) y seguirian vendiendo a Marruecos utilizando containers en vez de señoras marroquies. He sido testigo de violencia policial en ambas fronteras (Ceuta y Melilla) y en ambos lados (marroqui y español)y la del lado marroqui es gratuita e indiscriminada (no tan gratuita, si hay rasca no hay problema), la del lado español se ejerce cuando la situacion se escapa a cualquier control posible y casi siempre sobre hombres que controlan a las mujeres que portan las mercancias y que las azuzan como si fueran bestias de carga mientras ellos van con las manos en los bolsillos, porque cabe recordar que las muertes originadas en ambas fronteras lo fueron por aplastamiento entre los mismos porteadores, no por brutalidad policial. La brutalidad hay que buscarlar en las mafias de control de la mercancia y en todos los parasitos que sacan provecho de las pobres mujeres con 70 kilos de peso a sus espaldas.
A eso es a lo que hay que buscar solucion. No mas explotacion de la mujer.

en busca de soluciones

que tal si buscamos la brutalidad en aquellos que monopolizan su uso, es decir, estados. Pero eso tal vez anda demasiado alejado del paradigma mediatico de blanco-negro, bueno-malo, terrorista-democrata, etc. Sin cuya ciega asuncion, parece que no sabemos concebir la realidad (sin sentir nauseas, claro)