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Manifiesto Plataforma ¡otra ¿BIACS? es posible! documento a debate martes a las 20:30 en el Pumarejo

Plataforma ¡otra ¿BIACS? es posible!

La Plataforma ¡otra ¿BIACS? es posible! se constituye como un espacio de reflexión que tiene como objetivo articular una red local que actúe como vocero de las inquietudes de los agentes culturales y posibilite la intercomunicación con las instituciones que se han planteado como objetivo la celebración de la BIACS2.

Se trata del documento que debatiremos el próximo martes 31 de mayo en el Pumarejo a partir de las 20:30. Acude!!
En junio de 2004, vísperas de la celebración de la 1ª Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla (BIACS1) se constituyó en Sevilla una plataforma con el propósito de impulsar un debate sobre el nuevo evento cultural que a la ciudad se ofrecía. Se trataba también de analizar esta propuesta en un marco de discusión más amplio que abarcara las políticas culturales y actuaciones de las instituciones locales, provinciales y autonómicas, de las que surgía la lógica del evento, y referido también referido a las nuevas políticas, corrientes y apuestas institucionales y privadas orientadas a fomentar la realización de eventos y espectáculos, -ya sean olimpiadas, capitalidades o bienales- creados con el objetivo de revitalizar ciudades que anteriormente se han destruido a golpe de desindustrialización, cierres, paro, especulación y recorte de servicios sociales. La edición de un número especial de la revista parabólica y la organización de unas jornadas de debate fueron los principales resultados del proceso de discusión iniciado.

Los organizadores de la BIACS1 partían de la hipótesis de que con ésta se potenciaría y dinamizaría la economía local, se atraerían inversiones, se generaría orgullo y consenso entre la ciudadanía, se aumentaría el turismo…, con la esperanza de que todo ello se materializara en el evento y perdurara más allá de él, situando a Sevilla como un nuevo foco de atención cultural.

Sin embargo, si se realizaba un mínimo análisis de la propuesta, el fracaso estaba anunciado, ya que la iniciativa no partía de una reflexión previa sobre los objetivos que se perseguían ni de las necesidades del contexto donde se iba a desarrollar. Tampoco se planteaba la necesidad de dialogar e interactuar con la realidad político-cultural que desde muchos años atrás venía trabajando en Sevilla en el desarrollo de la creación contemporánea.

Así pues, la BIACS1 de Sevilla, subtitulada La alegría de mis sueños, un verso de un cante popular utilizado por Camarón con el que frívolamente se pretendía conectar con lo local, tuvo el gran inconveniente, -además de otros como banalizar, trivializar y anular la capacidad crítica del arte- de ser incapaz de alcanzar el objetivo cultural, turistizador y generador de desarrollo económico que se proponía: basta consultar los datos sobre el nulo aumento del turismo que la BIACS1 representó y el escasísimo impacto mediático que obtuvo a nivel estatal o incluso regional. Lograr los objetivos
resultaba imposible porque para estar concebida como un producto espectáculo, no estaba lo suficientemente elaborado como para poder abrirse camino y competir como mercancía con otros eventos de iguales parámetros y porque la gran novedad a la que se nos quería apuntar, pertenecía a un fenómeno –el bienalismo- que se encuentra cuestionado, un modelo mimético y sobresaturado, que funciona sobre todo por razones geoturísticas y como promoción de curadores internacionales, pero que no ha conseguido dar visibilidad internacional a nuevas propuestas ni a artistas "periféricos", excepto creando un circuito también periférico del que se auto-alimenta.

La 1ª Bienal de Sevilla no ha sido sino otra más de las muchas bienales que florecen como frutos híbridos por el Estado español y la escena internacional, lo que nos lleva a pensar que la BIACS acabará desapareciendo tras años de acumular deudas como ya ha ocurrido con la Bienal de Valencia, Trienal de Barcelona y otras iniciativas de parecido calado.

De hecho, tras sólo un año de existencia ya se pueden observar los síntomas de un declive que comienza a manifestarse en:

1.La división y clara confrontación del equipo organizador de la BIACS1, que se ha saldado con la dimisión de la directora gerente -Juana de Aizpuru- y la creación de un nuevo organigrama en el que la única representación institucional en la Comisión Ejecutiva es la de Juan Carlos Marset -quien finalmente ha delegado su presencia en un técnico de la administración municipal-, ya que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía ha rechazado la invitación a entrar en la misma y la presencia de José Lebrero, director del CAAC, “no es la de representar a la Junta, sino la de aportar su criterio en la materia en la que es experto�, según declaró José María Rodríguez, Viceconsejero de Cultura de la Junta de Andalucía.

2.La opacidad en las cuentas de resultados, que siguen sin estar claras. Se reconoce que existe una deuda de un millón de euros de los dos con cinco millones del presupuesto total del evento, a la que habrá que sumar el coste de devolución de algunas obras que aún permanecen expuestas o camufladas en el CAAC, por lo que se sigue sin conocer el déficit real ni cuáles han sido las aportaciones definitivas de patronos e instituciones.

3.Las informaciones contradictorias y confusión sobre las fuentes y vías de financiación de la segunda edición. Nadie parece saber cómo se van a obtener los dos con tres millones de euros en los que se ha presupuestado la BIACS2, ni cómo se va a amortizar el millón que se adeuda. Se habla de una financiación pública y privada al 50%, pero en cuanto a las aportaciones públicas mientras Fernando Franco, presidente de la Fundación BIACS, anunciaba la concurrencia del Ministerio de Cultura en el evento, el Ministerio se apresuraba a desmentir esta información señalando que el Ministerio “en principio� no tiene previsto su participación. Por otra parte, la Junta de Andalucía ha anunciado que aportará quinientos mil euros, doscientos mil de ellos destinados a financiar las jornadas de puertas abiertas y las restantes se destinarán a adquisición de obras, en total “una quinta parte del coste total del evento� según Rosa Torres Consejera de Cultura y por último, la participación municipal, única institución que parece apoyar la BIACS2, no se sabe con exactitud a cuánto asciende, aunque en ningún momento ha hablado de que su aportación económica supere la necesaria cantidad para tapar el déficit de seiscientos mil euros anteriormente citado.
Con respecto al 50% de aportación privada habría que ser recelosos, ya que resulta difícil confiar en unos patronos cuya aportación real a la BIACS1 es un auténtico misterio y que no han dudado en sacrificar a su mentora, persona que los convocó y directora gerente, con tal de cumplir la condición, (dimisión de Juana de Aizpuru) que según el Diario de Sevilla de 24/3/05, el Ayuntamiento imponía para hacerse cargo del aval que los patronos privados suscribieron por importe de seiscientos mil euros. De lo cual podemos deducir, que los cien mil euros que a título personal cada empresario y mecenas adeuda –públicamente conocemos como deudores a los mecenas Fernando Franco y a la sacrificada Juana de Aizpuru, faltando el nombre de los otros cuatro deudores- les parece una cantidad excesiva para desde la iniciativa privada sostener la vida cultural de la ciudad.

¿Y qué ocurre con los contenidos de la BIACS2? Hasta la fecha ha transcendido la composición de una comisión de asesoramiento cultural integrada, además de por Juan Carlos Marset y José Lebrero, por críticos y curadores de discutible relevancia internacional; se han dado pistas sobre la composición de la terna de la que saldrá el nuevo comisario que la dirigirá; y se han apuntado “el diálogo entre culturas�, “Confrontación frente a civilización�, “la necesidad de ampliar a la ciudad los proyectos culturales de la muestra y de incorporar a otros agentes culturales� como algunos de los nuevos ejes sobre los que girará. Ninguno de estos argumentos han parecido suficientes al Ministerio de Cultura como para participar en la financiación y desde luego tampoco lo son para que esta plataforma pueda variar sus posicionamientos con respecto al evento. Hasta el propio representante municipal, según declaración pública, ha delegado en José Lebrero cualquier decisión en términos artísticos o de contenidos, eludiendo pronunciar cualquier valoración intelectual sobre estos supuestos ejes que pivotaran los contenidos artísticos de BIACS2.

Y es que resulta difícil cambiar de posición cuando nuevamente el tejado es lo primero que se hace. La propuesta realizada por la BIACS2 de implicar a la ciudad no puede plantearse como un apéndice de las propuestas sugeridas a un/por un comisario de mayor o menor prestigio, sino como un diálogo que posibilite el análisis de las carencias de la comunidad en las prácticas artísticas y abra vías para dotarla de recursos. Además, con la delegación de decisiones por parte del representante municipal la presencia local en el comité de contenidos de BIACS2 es prácticamente nula.

Los procesos generadores de la experiencia no se visualizan adecuadamente en los medianos o grandes eventos, generalmente ajenos a la realidad procesal de la creación contemporánea, sino que se manifiestan en las redes de personas y en los lugares donde se producen, a partir de una sedimentación discursiva que se va procesando poco a poco y que incide en el contexto social mediante el diálogo con sus agentes activos. Son procesos a largo plazo, en construcción continua, en el que el propio desarrollo genera la estructura, favoreciendo los encuentros entre las partes implicadas y ampliando el diálogo entre institución y agentes, entre redes que a su vez producen nuevas interconexiones, ensanchando el tejido social y cultural y profundizando en las relaciones con los lugares donde se desarrolla la experiencia.

La práctica ausencia, a lo largo de los años, en el Estado español en general y en nuestra ciudad en particular, de políticas culturales tendentes a posibilitar el desarrollo de la creación contemporánea y de los agentes culturales que la hacen posible, no es sino el reflejo de la despreocupación de las instituciones por la riqueza cultural que éstos suponen para el conjunto del tejido social y muestra la ignorancia del poder ante una concepción democrática de la cultura.

Las instituciones están obligadas a interactuar con los agentes culturales para que fruto de ese diálogo surjan nuevas fecundaciones que fortalecen el entramado cultural. Tanto es así que cualquier decisión que se tome a espaldas del tejido cultural, tarde o temprano, se volverá en su contra.

La dotación de nuevos recursos y la voluntad de desarrollar un nuevo espacio de expresión útil para la comunidad artística, como parece ser que se propone la BIACS2, tiene que plantearse como una oportunidad para modificar modelos organizativos anacrónicos y estructurarse como un mapa de relaciones reales, capaz de procesar de otra manera la información y el conocimiento. Si realmente se adoptaran otros modelos de funcionamiento basados en la comunicación, en la autoría compartida, en la interdependencia intelectual, el sistema se vería afectado e incidiría en todos los procesos de creación y representación, así como en el intercambio y distribución de los recursos culturales. El carácter experimental, vanguardista y anticipatorio de las artes visuales parece además el espacio adecuado para ensayar nuevos modelos de organización que se reflejen después en otros proyectos que tiene en marcha la ciudad como la Bienal de Flamenco o el festival Sevilla entre culturas.

La dificultad del arte para hacerse visible si no es a través de las estructuras tradicionales de representación como el museo, la galería, las bienales o las grandes ferias, sustentadas bajo el canal emisor-receptor, es uno de los retos que se deben afrontar para revitalizar la interrelación arte-sociedad.

¿Cómo conseguir esa visibilidad fuera de los lugares hegemónicos atados a planteamientos esclerotizados? ¿Cómo plantear nuevos formatos y luchar contra los intereses de la industria cultural, entendida sólo como fenómeno de masas, espectáculo y turismo?

La propia velocidad de nuestro tiempo requiere nuevas soluciones. El proceso globalizador y su reverso, la localización, no requieren de frases vacías y retóricas sobre “el diálogo intercultural� o el “conflicto entre lo local y lo global� como las que estamos oyendo a propósito de los contenidos de la nueva edición de la BIACS, sino de perspectivas totalmente diferentes de análisis, porque, en definitiva, lo que se debe procurar es que realmente se creen tensiones en la sociedad, tensiones entre individuos capaces de estructurar antagonismos en torno a acuerdos y leyes que fortalezcan el entramado democrático. Parafraseando a Chantal Mouffe, la democracia se construye articulando identidades diferenciadas, adversarios, discrepancias y conflictos.

Lo que interesa es reconocer las tensiones, hacerlas visibles a través del arte y la cultura y facilitar que se manifiesten en un sistema pluralista capaz de vertebrarse en un diálogo democrático.

Todos estos razonamientos van encaminados a abrir un amplio debate sobre las formas de relación y colaboración, por lo que creemos conveniente emplazar a las instituciones y técnicos que hasta ahora propician la edición de una la BIACS2 a:

1.Crear una estructura horizontal que defina los tiempos, modos, contenidos y ejecución presupuestaria del proyecto que tenemos entre manos. La nueva propuesta debe consistir en reunir una diversidad de agentes y prácticas culturales procedentes de diferentes contextos y realidades y establecer un diálogo capaz de generar tensiones en un lugar y un tiempo determinado, la ciudad de Sevilla. Si se deja toda la iniciativa en manos exclusivamente mercantilistas, unidas a formulas caducas de representación, la unificación del paisaje cultural será absoluta y la posibilidad de la diversidad quedará reducida a una mínima expresión.

2.No aceptar la deuda contraída por los gestores de la BIACS1, única forma de garantizar el inicio de un nuevo proceso libre de intereses y de cargas. Reconstruiríamos así la confianza en el mundo empresarial sevillano, que asumiendo rectamente su deuda devolverían a la ciudad el caudal de confianza que en ellos depositó al albergar el evento artístico BIACS1.

3.No designar un comisario/a, ni una traza temporal o un designio espacial, ni una trama económica hasta la configuración de la estructura horizontal que defina los objetivos generales del proyecto como un verdadero pivote para la revitalización de la vida cultural y artística de la ciudad, que justifique así el esfuerzo económico.

Nuestra actitud de colaboración se centra en estas reclamaciones sustentadas en profundas convicciones sobre la extensión de las formas democráticas en el vivo territorio de las prácticas artísticas.

Hagamos del riesgo virtud. Construyamos realmente un foco de atención sobre nuestra ciudad.
 
 
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