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Un desalojo en el poblado chabolista de Madrid acaba convertido en una batalla con 30 heridos

disturbios - la cañanda.jpg
Batalla campal en la Cañada Galiana de Madrid tras acudir la policía a
derribar las chabolas

Madrid. EFE
Patricia Rafael - 18/10/2007 12:03
Ver video:
www.publico.es/espana/007881/batalla/campal/desalojo/poblado/chabolista/madrid#

Llevaban un día organizándose: "Convocatoria. El jueves día 18 a las
8.30 derribo de la parcela número 40. No dejéis de acudir. La próxima
puede ser la tuya". Carteles como éste llamaban a los vecinos de Cañada
Real Galiana, un asentamiento ilegal en Madrid, a resistir contra el
derribo de la que ha sido durante más de cinco años, según los vecinos,
la casa de Abdalilah, su mujer Fátima y sus dos hijos, todos marroquíes.

A la hora señalada agentes antidisturbios escoltaban a las palas
excavadoras que llegaban a hacer su trabajo. Según los vecinos había
cerca de un centenar de policías y más de 15 furgones policiales. Pero
se encontraron a cientos de vecinos, en su mayoría marroquíes, que
respondieron a la llamada de Abdulilah. No faltaba nadie: niños, mayores
hombres y mujeres.

*Lluvia de piedras
*En cuanto los agentes trataron de desalojar la casa, empezaron a
lloverles piedras. En un momento se desencadenó una auténtica batalla.
Los vecinos lanzaban todo lo que estaba a su alcance: piedras, sillas,
botellas y hasta bombonas de butano. Los agentes respondían con pelotas
de goma y porras.

Hubo enfrentamientos durante casi dos horas. Más de 10 marroquíes
resultaron heridos, algunos menores según comprobó Público, 16 agentes
del Cuerpo Nacional de Policía y 9 del Cuerpo de la Policía Municipal
sufrieron heridas leves y 9 vecinos fueron detenidos, según la Jefatura
Superior de Policía. La casa de Abdulilah quedó finalmente reducida a
escombros. "Yo estaba en la casa con más vecinos. Cuando entraron los
policías nos agarraron y nos sacaron a la fuerza", explica Rabiaa, de 17
años, mientras enseña su brazo izquierdo con un gran moratón.

"Fuera, varios agentes empezaron a pegarme porrazos", prosigue. Como si
la intifada hubiera llegado a Madrid, a 20 minutos de la Puerta del Sol,
niños y mayores se atrincheraron en las colinas y lanzaron piedras
contra los agentes para defender lo que consideraban suyo.

*40.000 habitantes ilegales
*La Cañada Real Galiana es un camino de tierra de 15 kilómetros de
longitud, hay más de 2.000 edificaciones y 40.000 habitantes, 15.000
menores. Muchas casas son chabolas, pero también hay chalets, algunos
hasta con piscina. Todas son ilegales, aunque la mayoría paga el
Impuesto de Bienes Inmuebles al Ayuntamiento que ha permitido la
construcción de estas viviendas durante más de 40 años. Desde hace unos
años una de las áreas del poblado se han convertido en un foco de venta
de droga de España y el mayor de Madrid.

Nosotros aquí no vendemos droga, todos trabajamos, las casas se las
hemos comprado a españoles, ¿por qué no tiran los pisos de los que
venden droga, si son también ilegales?", se lamentaba ayer Mariam,
marroquí de 28 años, que trabaja en la recepción de una empresa de
publicidad. "Tienen que darnos una alternativa donde podamos vivir".
Tras la batalla, representantes de la embajada marroquí llegaron al
poblado. Las mujeres les recibieron con vivas al rey Hassan. Pasaron
media hora escucharon las quejas de sus compatriotas y se fueron con la
promesa de hablar con las autoridades españolas.

A las dos de la tarde todavía olía a quemado. Un coche incendiado
durante la batalla seguía echando humo. Enfrente, el hueco que había
dejado la casa de Abdulilah y Fátima. A él la policía se lo había
llevado detenido, a su mujer y sus hijos el Ayuntamiento los alojó en
uno de los disposituivos municipales temporales.

Fuentes municipales explicaron que el desalojo de esta familia se
produjo tras una orden judicial porque la vivienda era ilegal y estaba,
al igual que otras muchas casas de la Cañada, "sobre una vía pecuaria
propiedad de la Comunidad". Fue ésta quien le solicitó al Ayuntamiento
el desalojo. Otras cinco viviendas serán derribadas en breve aunque
falta la autorización judicial.

Tras el paso de las máquinas, los escombros se mezclaban en el suelo con
los enseres personales de la familia abandonados: cuna, juguetes,
mantas, la cama. Mientras, los vecinos se negaban a marcharse a sus
casas. Repetían una y otra vez: "Esto es peor que Palestina, ¿cómo es
posible que ocurra en España? ¡Estos policías son peores que los
israelíes!", concluía una vecina.

Ruiz-Gallardón desconoce el suceso

En la rueda de prensa posterior a la reunión de la Junta de Gobierno
municipal, el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, ha dicho
que desconocía los sucesos que se estaban produciendo en esos momentos,
aunque aseguró que, "como siempre, las actuaciones del Ayuntamiento en
este ámbito se producen en ejecución de una decisión judicial".

"La Cañada Real es un problema muy serio"

Asimismo, ha destacado que el Consistorio está aún a la espera de
recibir una respuesta del Gobierno regional sobre la propuesta que
formuló el pasado agosto al Ejecutivo autonómico y al de José Luis
Rodríguez Zapatero para crear un consorcio conjunto que se ocupe de la
Cañada Real, "con capacidad ejecutiva para abordar todos los problemas"
de este poblado chabolista ilegal.

"La Cañada Real es un problema muy serio -uno de los más importantes de
Madrid- que compete a las tres Administraciones y, si no lo abordamos
ahora con decisión, se nos puede convertir en una herida muy difícil de
cerrar en el futuro", advirtió entonces el alcalde.
 
 
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«Han pegado hasta a las embarazadas»

«Han pegado hasta a las embarazadas»
El Mundo, ROBERTO BECARES, 2007-10-19

Los vecinos de la Cañada Real se quejan de la dureza con la que actuaron los antidisturbios Frente a los escombros de la casa de Abdela se amontonaban ayer en varios bultos los enseres que la familia logró salvar antes del derribo. Maletas, una cuna, alfombras, sábanas, ropa, algún juguete. Enfrente varias mujeres vestidas con el ‘hiyab’ (velo) mostraban las fotografías de los hijos de Abdela. «Dos niños sin casa. Una familia rota», gritaban las mujeres, agolpadas en la puerta del vecino de la vivienda contigua a la de Abdela.

Sus vecinos, marroquíes en su mayoría, calificaban la operación de «inhumana». «Están haciendo una película de miedo. Están asustando a los niños, que tienen miedo de seguir viviendo aquí. Han pegado a las mujeres con las porras, hasta a las embarazadas, con niños de un año en los brazos, ¿tú te cres que es normal?», decía uno de los que participaron en la Intifada.

«Somos gente trabajadora. Trabajamos como Dios manda. No vendemos droga ni nada. Todo el mundo tiene derecho a vivir, pero mira a este niño en la calle», decía mientras apuntaba con el dedo a un pequeño de un año que jugaba entre los bultos de ropa.

Los jóvenes comentaban sus proezas en la batalla sacando pecho. «Había mucho humo y comenzaron a lincharnos y lanzarnos pelotas de goma. Nosotros les tiramos piedras. Era lo único que podíamos hacer. Yo sólo había visto algo así en las películas», comentaba Alila, un adolescente marroquí.

Mientras la Policía dispersaba a los vecinos situados en una loma cercana a la casa derribada, las mujeres lanzaban piedras desde los tejados de las otras viviendas. «A las 8 de la mañana sólo había aquí un coche de la Guardia Civil y dos de municipales. Han llegado los antidistrubios y se han puesto en fila. Han comenzado a disparar a la gente, que ha subido por el campo. Nosotras estábamos ahí arriba», decía una joven española que lleva varios años viviendo en la Cañada señalando los tejados de una casa cercana. «No podíamos bajar por la batalla campal que había y tampoco podíamos quedarnos arriba porque nos estaban disparando. Esto no es normal. Se han pasado tres pueblos».

Debi, una niña de apenas 14 años, invitaba ayer a los periodistas a ver decenas de pelotas de goma y botes de humo que había almacenado en su casa, en cuyo patio se podían ver también restos de sangre: «Uno que sangraba se ha refugiado aquí». «A mí me ha pegado un policía. Yo le he dicho que era menor y no me podía pegar, pero me ha gritado que me vaya a mi país y me ha dado con la porra», explicaba ayer, todavía asustada. «Mi madre estaba en el tejado y a ella también la disparaban».

La versión entre los policías era muy distinta. Después de la batalla campal, la Policía volvía a la entrada del poblado, donde estaban las ambulancias del Samur atendiendo a los heridos. «Nos han acorralado y nos han tirado hasta bombonas de butano», indicaba un antidisturbios con sangre en la cara. «Mira lo que le he quitado a uno», decía otro enseñando una navaja de grandes proporciones. «Esto ha sido la guerra».

LA DESESPERACION DE FATIMA.

Fátima, la mujer desalojada ayer por los agentes de su vivienda en la Cañada Real, salió de su casa gritando y enfrentándose a los policías pese a que llevaba a su hijo recién nacido entre sus manos. En la imagen superior de la izquierda se ve cómo coge un objeto del suelo con la mano izquierda. A continuación, golpea a un policía municipal en la cara. Los dos agentes se protegen de la agresión y detienen a la mujer que, en su desesperación, vuelve de nuevo a chillar. Descorazonada, la mujer marroquí no podía articular palabra alguna. El marido de Fátima, Abedla, de 40 años de edad, ya había sido arrestado anteriormente por la policía.
 

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